viernes, 9 de julio de 2010

Adicciones

Son casi las diez, como cada mañana, y, sin embargo, ya nada volverá a ser como antes.
Los primeros rayos del sol se cuelan en esta habitación extraña mientras sigo sin poder conciliar el sueño. Tumbada en la cama me invade un sentimiento de desamparo que me acompañará el resto del día.
Atrás quedaron las caricias, los besos y la fantasía; hoy solo quedan el desconcierto, la soledad y el abismo.
Parece que disfruto con esta sensación; aunque, al fin y al cabo, todos tratamos de engañarnos.
Después de vestirme bajo las escaleras y abro el portal desconocido, como cada mañana, pese a que sé que ya nada volverá a ser como antes.
Por las calles dormidas pasean unos cuantos turistas extraviados y algún que otro trabajador rezagado que observa cómo me tambaleo, todavía embriagada de la noche anterior, con la falda demasiado corta, las medias repletas de carreras y la huella del pintalabios aún presente.
Una vez más se apodera de mí esta sensación de desamparo, que aumenta a cada paso que doy, con un nudo en el estómago, y que no me deja olvidar el maldito dolor de cabeza y el amargo sabor de la noche anterior.
Cierro los ojos lentamente para sentir cómo se posa el sol sobre mi cara y pienso que quizá estés arriba, recordándome, mi olor todavía preso en las sábanas; quizá estés arriba, tumbado, pensando, al igual que yo, en este absurdo sentimiento de desamparo, que es ya una adicción para ambos. O tal vez no pienses en nada, tal vez no tengas adicciones como yo y simplemente estés arriba, tumbado, durmiendo plácidamente mientras el día despierta a tu alrededor y los primeros rayos del sol se cuelan por la ventana.
Aún me pregunto si el hombre de aquella extraña habitación seguía con vida. Aún me pregunto si abrí aquél portal desconocido, como cada mañana, o si, por el contrario, sigo dentro, esclava de mis adicciones, y era verdad que ya nada volvería a ser como antes.

domingo, 28 de febrero de 2010

Dejarse llevar

Intento pensar que he aprendido algo, que el paso del tiempo me ha dado sabiduría y templanza ante la vida. Pero, en realidad, no sé la respuesta.
A menudo me veo tropezando una y otra vez con los mismos errores. «¿Acaso no has aprendido nada?, ¿cómo has podido volver a caer en esto otra vez?».
 
Puede que, tal y como se dice, aprender consista en equivocarse y el tiempo sea, en realidad, todo aquello que nos sucede, incluyendo nuestros errores —especialmente incluyendo nuestros errores—.

En realidad en eso consiste la vida: equivocarse, cometer locuras, tener sueños imposibles, fracasar, albergar deseos...

El tiempo es todo aquello que altera el orden natural de la vida y aprendemos, paradójicamente, cuando nos suceden cosas distintas.

Parece que realmente he aprendido, que he vivido situaciones distintas, que me he entregado a la vida y que, quizá, esté aprendiendo mucho más de lo que creo.

Solo queda confiar en la vida y dejarse llevar...



viernes, 29 de enero de 2010

You said you'd call me

Hace no mucho tiempo pensaba que vivir de manera «temperamental» tenía mucho más valor que vivir encerrado en uno mismo, sin mostrar ni compartir tus sentimientos y, por tanto, sin sufrir. ¡Qué equivocada estaba!

Ahora me doy cuenta de que basamos la concepción que tenemos de nosotras mismas en lo que digan o piensen los demás y, en especial, aquellos de los que esperamos encontrar algo más que amistad. Parece mentira que nos encontremos en este punto: chicas inteligentes, guapas, trabajadoras, independientes, autosuficientes… e infelices porque no nos ha llamado o ha pasado de nosotras.
El mundo al revés.

Ya está bien. No podemos basar nuestra autoestima y nuestra salud mental en cosas accesorias —como son, en este caso, las personas que entran y salen de nuestra vida—. El valor que tenemos como personas está dentro de nosotras, no fuera… así que ya es hora de dejar de buscarlo en el exterior. Solo las personas que realmente nos conocen pueden, en un momento dado, servirnos de guía —¿o es que realmente alguien que apenas nos conoce puede juzgarnos de manera adecuada?—.
El mundo al revés.

You said you’d call me, pero si no me llamas no significa que mi vida o yo seamos una mierda.

Simplemente it wasn’t meant to be.

martes, 5 de enero de 2010

Refranero, refranero...


Muchas son las veces en las que se ha hablado acerca de la gran riqueza del refranero español. Pese a ser este un hecho indudable, siempre consideré que la mayoría de los refranes tenían una naturaleza un tanto anticuada —incluso, en algunas ocasiones, con tintes adoctrinadores—.

El refrán con el que he comenzado este nuevo año puede, en realidad, no tratarse de un refrán como tal, sino al uso. «El que se enfada dos trabajos tiene: enfadarse y desenfadarse».

Dicho razonamiento parece una tontería, ya que utiliza una lógica bien sencilla, pero esconde un trasfondo bastante inteligente.
¿Sirve de algo enfadarse, pasar un mal rato e incluso perder el sueño por un enfrentamiento con alguien? ¿Va a afectar de alguna manera positiva tu enfado sobre la situación en cuestión? O, por el contrario, ¿va a suponer un desgaste innecesario?

En muchas ocasiones tal vez sea mejor contar hasta diez, tragarse el orgullo y dejarlo pasar. No enfadarse por tonterías y, haciendo caso de nuestro sabio refranero popular, «aquí paz y después gloria».