jueves, 24 de diciembre de 2009

What goes around comes around

Hay días en los que me levanto y lo veo todo claro. En esos pequeños momentos de lucidez me recuerdo a mí misma lo importante que soy y me viene a la cabeza aquello de «allá cada uno con su conciencia».
Existe un dicho parecido en inglés, mucho más preciso que los equivalentes en español que, no exento de malicia, afirma que todo lo que va, vuelve —o lo que es lo mismo, recibirás el trato que des a los demás—.

Me pregunto si, incluso en estos días de lucidez, tan solo intento excusar las injusticias, aferrándome a una especie de orden cósmico, de karma, de justicia superior —aunque también existe otro dicho en inglés que asegura que «Karma is a bitch»—.
De todas maneras es comprensible que caigamos en este tipo de pensamientos que nos restan responsabilidades y que nos hacen seguir teniendo confianza en la vida.

Una vez alguien me dijo que debíamos confiar más en la vida, que había tantos problemas en la sociedad porque no confiábamos en nosotros mismos. Creo que tenía razón, aunque es harto complicado —sobre todo por la sociedad en la que vivimos, en la que lo único importante es lo inmediato e incluso lo futuro—.

Yo intento confiar en la vida y creo que todo ocurre por algún motivo. Las cosas que nos suceden, al igual que las circunstancias, nos van modelando como personas y terminan conformando nuestra personalidad.

Sea como sea me gustaría pensar que sí que existe algún tipo de orden cósmico que pone a cada persona en su lugar, que enseña a aquellos que hirieron a otros lo que es sufrir, que recompensa a los que se esforzaron por ser buenas personas… y me imagino que para ello debemos confiar más en la vida, pase lo que pase, come what may.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Within my mind

Have you ever felt that you do not belong here? That you dream away too much?
This is why I would say that most of the time I do not live in this world.

Suddenly one day you realize that you live trapped between two different worlds. The real one, where you have to deal with different situations, you suffer and things are not what you want them to be; and the World of Imagination, where everything is easy, you can just have fun and things are what you want them to be.
But you have to choose.

Are we messing with these two worlds?
There is a point where we should be able to make the difference and stop treating some people as in the World of Imagination. We have to think twice and then see that certain people do not deserve us.
We are important. But we are the ones who decide our own level of importance.

I guess we have to stay in the world we decide to live in. And also, let those that do not deserve us go —even when is hard.
There is, of course, one last option: wait for the person that, just like you, believes that love is going to last forever —even if it is just within his mind.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El deporte nacional

Como otro domingo cualquiera, estaba comiendo en casa con mi madre mientras veíamos el telediario. También como de costumbre, el presentador dio paso a la sección deportiva, que ocuparía los siguientes 45 minutos —a la que, posteriormente se añaden otros 15 minutos en la edición de la noche—.

Pero, aparentemente, ese día iba a ser diferente. El presentador interrumpió la emisión de los deportes y comunicó a todos los telespectadores la nueva noticia:

—A partir de ahora, tal y como ha decretado el gobierno, la información deportiva pasará a ser sustituida por una sección literaria. En ella les relataremos con todo detalle las novedades en cuanto a literatura nacional e internacional, haremos debates con los autores principales e incluso ustedes podrán participar, mandando mensajes con su opinión sobre las nuevas corrientes literarias.
Estos cambios tendrán una aplicación inmediata, así que les recuerdo que les esperamos esta noche a las 21.00 con el nuevo lema de nuestra cadena: ¡LEEMOS!

Mi madre y yo, sorprendidas, no podíamos creer lo que estaba sucediendo. ¿Cómo era posible que al gobierno se le hubiese ocurrido tal insensatez? ¿Acaso no leían suficiente los niños en el colegio? ¿Qué eran todas esas tonterías?
Intrigadas como estábamos esperamos ansiosas a que llegase la nueva sección literaria en el telediario de la noche. Y, efectivamente, a la hora prevista los nuevos presentadores comenzaron con la emisión:

—Buenas noches. Hoy, en la sección literaria, les informaremos de las novedades del último encuentro entre Marías y Millás, así como del fichaje de Eduardo Mendoza y la destitución de Almudena Grandes.
En el estadio de la Castellana, Javier Marías demostró su gran calidad literaria ante los miles de socios que, fervientemente, seguían su sorprendente demostración. En ese mismo encuentro, Marías presentó el fichaje de su nuevo traductor literario, muy criticado por Millás debido a la astronómica suma de dinero invertida en la traducción.
Marías está cada vez más cerca de conseguir el tan ansiado título de pichichi.

Este choque titánico estuvo lleno de complicidad por parte de los aficionados, quienes respetaron con deportividad todas las indicaciones arbitrales con respecto a la corrección ortográfica, tipográfica y estilística.

Por otra parte, en la ciudad condal, Millás mostró su alegría por todos los premios y el dinero invertido en la literatura, así como en la traducción. Como ya es habitual, nos presentó a los nuevos fichajes de la cantera: escritores jóvenes con muchas ganas de aprender. El técnico afirma estar muy orgulloso del trabajo de todos los literatos del equipo y, en concreto, del último galardón otorgado al equipo por parte de las editoriales.

—Pero no todo es de color de rosa en el mundo literario. La sorpresa saltó a altas horas de la noche, cuando Antonio Muñoz Molina ingresaba en el hospital a causa de una torcedura de muñeca de tanto escribir. Toda la directiva de la literatura contemporánea se personó inmediatamente en el lugar para mostrar su apoyo al escritor.
También queremos agradecer la colaboración ciudadana, que se congregó en la estación de la capital y creó espontáneamente un mural con fotos y flores para el escritor. Muchos de los allí presentes estaban ataviados con la camiseta del escritor, el número 7 a la espalda.

—Tenemos también que hablar del ámbito internacional puesto que hemos encontrado un escritor revelación en Japón del que pronto oirán hablar. Su nombre es Haruki Murakami, recuérdenlo porque este chico va a pegar fuerte. A continuación les mostramos las imágenes de su celebración al firmar su primer libro, no tienen desperdicio.

—Como de costumbre, en Estados Unidos, Philip Roth y Cormac McCarthy encabezan las listas de los autores más vendidos.

—Esta vez la Pluma de Oro ha sido para Rosa Ortiz por su traducción al español de un libro de poemas árabes. La traductora recogió el premio muy emocionada ante la atenta mirada de millones de telespectadores.

—Esto ha sido todo por hoy. Para despedirnos les queremos mostrar la última iniciativa del grupo de estudiantes de Traducción e Interpretación de la Universidad Autónoma de Madrid. Quédense con sus nombres porque dentro de poco serán sus nuevos ídolos.
Muchas gracias y buenas noches.

Mañana más y mejor.

Mañana más y mejor.


Todas las mañanas, cuando llego a la estación de Atocha para ir a la universidad, me paro un momento antes de llegar a los torniquetes y, mientras los observo, me pregunto: «¿Cuál elijo hoy? Tal vez el 10… o mejor el 15. No, ¡el 12!». Y, justo cuando acerco la mano para introducir el billete, se adelanta una señora, haciendo que me dirija inconscientemente al número 13 y que, sin pensarlo dos veces, gire la barra que me separa de una nueva aventura...
Al atravesar los torniquetes paso a estar en otro mundo, a vivir por unas horas la vida de alguien sin que los que están a su alrededor se percaten de nuestro intercambio. «¿A dónde me dirigiré esta vez?».

Cuando abro los ojos me encuentro en un autobús lleno de gente, sentada al lado de una chica que tiene la cabeza apoyada en mi hombro. Estás dormida. A través de infinita oscuridad reflejada en la ventana sólo puedo distinguir los primeros copos de nieve que caen pausadamente, como plumas.
De repente te incorporas y, sonriéndome, preguntas si he podido dormir. Respondo negativamente con un movimiento de cabeza.

—Bueno, no te preocupes, ya dormirás cuando lleguemos a casa.

Antes de que pueda preguntarme por la ubicación de nuestra casa, el conductor ya ha anunciado la siguiente parada: Toronto.

—Isa, coge tu maleta. No sé qué te pasa… estás como ausente. ¿Te encuentras bien?— me preguntas mientras yo intento hacerme pasar por tu amiga.

Así es como acabamos en una residencia, donde nos esperan unos cuantos ratones y una planta moribunda. Cuando salgo de la habitación de Isa, estás en la cocina rebuscando en los armarios.

—¿Te apetece comer lentejas mañana? Dentro de poco vamos a tener que volver al No Frills a hacer la compra, casi no queda comida.

—Vale, como quieras.

—No me puedo creer que se haya acabado la huelga y que tengamos que volver a la universidad… En fin, me voy a la cama. Hasta mañana —dices mientras me das un beso de buenas noches.

Cuando me despierto oigo música en el pasillo. Al salir te veo sentada frente al ordenador, desayunando galletas con zumo de naranja, mientras escuchas Belle and Sebastian.

—Buenos días, dormilona. No te lo vas a creer, pero ha llegado la multa del coche que alquilamos. Thomas nos va a matar —y acto seguido te levantas al oír un pitido que sale de la olla que hay en el fuego, en la que seguramente estén las consabidas lentejas.

Después de comer, cogemos todos nuestros libros y me propones ir a tomar un café antes de ir a clase. La verdad es que pareces una chica llena de ideas, siempre dispuesta a enfrentarte a nuevos retos, divertida, alegre y dispuesta a ayudar a los demás. El bullicio de la gente me saca de mis cavilaciones y cuando me quiero dar cuenta ya estamos en el metro, de camino a la universidad, bebiendo café. «Menudos inventos», pienso al verte sorber el termo con gran delicadeza entre toda la gente.

La tarde pasa lenta en clase de Teoría de la Traducción pero, por fin, llega la hora de volver a casa. Sé que no me debe de quedar mucho tiempo y, para mi sorpresa, estoy triste. Normalmente no es así, pero esta vez desearía poder quedarme más tiempo contigo y conocerte mejor. Pienso en la tal Isa y en lo afortunada que es por tener una amiga como tú.

Durante el viaje de metro escuchas pacientemente todas las historias que tengo que contarte y aportas un punto de vista diferente al mío, ayudándome así a ver los problemas desde otra perspectiva, con mucha más claridad. Después, me confiesas con una sonrisa de oreja a oreja el plan para esa noche: ver el último capítulo de tu serie favorita —que por lo visto se llama Lost— e ir a beber unas pintas de cerveza al pub de al lado.

Ojalá pudiese quedarme contigo. Pese a que soy consciente de que dentro de unas horas volveré a estar en mi cama, en Madrid, a punto de despertarme para ir a clase, sé que todo lo que he aprendido a tu lado no se me olvidará y que siempre llevaré un trocito tuyo en mi corazón.
De esta manera nunca estaremos solas.

A la mañana siguiente, cuando llego a la estación de Atocha para ir a la universidad, me paro un momento antes de llegar a los torniquetes y, mientras los observo, me pregunto:

«¿Cuál elijo hoy?»

viernes, 11 de diciembre de 2009

When I grow up...

When I was a kid I wanted to be a cashier. Now it sounds kind of funny, but I think it was totally natural at a time. I guess I didn’t really have high expectations on this one…

These days I’ve been thinking the different stages when deciding what to become when we grow up. I suppose most of the kids would say that they want to be police officers, teachers, firemen or princesses —even moms. Maybe this is why everyone was shocked when my grandfather asked me the same old question and I answered: “When I grow up, I want to be a good person”.

The problem comes when you realize those stages are over —or about to be.
What happens if I’ve already grown up? Am I a good person? Or even worse, what does it mean to be a good person anyway?

I wish there were some kind of studies or degrees, just like the rest of the disciplines. That way we could study Maths, French, Translation, Integrity, Kindness or Generosity. It would be a lot easier to know if you are a good or a bad person, not like nowadays. Of course people could cheat during the tests and there would be fake good persons —although, wouldn’t it be the same as now?

Maybe the real problem is that it doesn’t matter if you’re a good or a bad person anymore. What now matters is if you are a doctor, an economist, a lawyer or a dancer.
So, what am I going to do? I am no doctor, no economist, no lawyer and no dancer.

I think I’ll just stick to my original plan:
When I grow up, I want to be a cashier. And maybe a good person.

Cuaderno de bitácora

Bitácora: (Del fr. bitacle, por habitacle). Se emplea a menudo en la locución cuaderno de bitácora. A partir de esta expresión, se ha tomado la voz bitácora para traducir el término inglés weblog, que significa «sitio electrónico personal, actualizado con mucha frecuencia, donde alguien escribe a modo de diario o sobre temas que despiertan su interés, y donde quedan recopilados asimismo los comentarios que esos textos suscitan en sus lectores». Para hacer más explícita su vinculación con Internet podría usarse el término ciberbitácora.

Hasta hace poco, ser un autor publicado era un privilegio al alcance de unos pocos. Hoy en día, sin embargo, cualquiera puede escribir cuatro monadas y tener su espacio en la web. En un primer momento nos podría parecer un gran avance, pensaríamos que ya es hora de que este sector se liberalice —pese a la preocupante situación de la literatura en nuestro país—. Si analizásemos un poco más esta idea, llegaríamos a la conclusión de que tal vez no se trate de una hazaña tan loable.
¿Desde cuándo puede todo el mundo escribir? Y lo que es peor, ¿qué intentamos conseguir plasmando nuestros absurdos pensamientos?

El ser humano siempre ha tenido afán exhibicionista —y también un gran ego—. Lo que aparentemente es un espacio destinado a escribir a modo de diario o sobre temas que despiertan interés tan sólo esconde el deseo de mostrar nuestros conocimientos para así obtener reconocimiento social. Al fin y al cabo, como ya aventuró Aristóteles, somos animales sociales.

Yo debo tener un afán exhibicionista hasta ahora desconocido, ya que nunca fui muy ególatra. Lo que sí tuve siempre fueron high expectations y son algo contra lo que intento luchar porque, creedme, nunca traen nada bueno; al contrario, lo único que se obtiene de ellas es desilusión y frustración... y aun así ¿qué sería de nosotros sin high expectations?

Las ciberbitácoras son un arma muy peligrosa. Cada vez que se escribe algo en ellas se pone de manifiesto, y a partes iguales, una gran inteligencia y una soberana estupidez.
Por esto mismo os pido que, a diferencia de mí, no tengáis high expectations.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Girasoles



Después de escribir tres páginas sobre Van Gogh para el trabajo semanal de TIC —Técnicas de Interpretación Consecutiva para los menos enterados— me he visto suficientemente inspirada para inaugurar este blog o bitácora.

Contrariamente a la imagen que todos tenemos, Vincent van Gogh no fue un genio loco, sino que fue un artista tremendamente concienzudo y trabajador. Paradójicamente, como en la mayoría de estos casos, apenas recibió reconocimiento en vida pese a su gran producción y dedicación al arte. Sin embargo, consiguió algo mucho más importante que el elogio de sus coetáneos y fue la ejemplar relación con su hermano, Theo —como hija única que soy siempre he tenido idealizada la relación entre hermanos—. Tal vez sea este el motivo por el cual me ha conmovido la relación de los Van Gogh, unidos durante 18 años a través de su correspondencia, en la que Vincent acompañaba sus historias con pequeños dibujos para que su hermano Theo pudiese visualizar lo que el pintor estaba describiendo. Theo, a su vez, ayudó económicamente al pintor hasta la muerte de éste. Quizá me conmovió también imaginarme a Vincent van Gogh en un trigal al sur de Francia con una carta en el bolsillo para su hermano, que nunca fue capaz de enviar, poco antes de dispararse en el pecho.

Van Gogh debía de ser una de esas personas demasiado especiales para este mundo. Una persona única y extraordinaria, tremendamente inteligente y sensible, que no podía más que asistir estoicamente a su decadencia y que, finalmente, no tuvo más remedio que aceptar su fatal destino.
Tal y como dijo al contemplar el retrato, de la imagen superior, que Gauguin le había pintado «certainly me, but me gone mad

Quizá sea eso, nos volvemos locos pero no nos damos cuenta hasta que vemos nuestra imagen proyectada por otra persona. Necesitamos vernos a través de los ojos de otro para determinar nuestro estado y nuestra condición. Seguramente, aunque nos viésemos de esa manera, no seríamos capaces de admitir lo que Van Gogh asumió con toda naturalidad: «certainly me, but me gone mad.»

¿Y acaso no estamos todos locos?