viernes, 29 de enero de 2010

You said you'd call me

Hace no mucho tiempo pensaba que vivir de manera «temperamental» tenía mucho más valor que vivir encerrado en uno mismo, sin mostrar ni compartir tus sentimientos y, por tanto, sin sufrir. ¡Qué equivocada estaba!

Ahora me doy cuenta de que basamos la concepción que tenemos de nosotras mismas en lo que digan o piensen los demás y, en especial, aquellos de los que esperamos encontrar algo más que amistad. Parece mentira que nos encontremos en este punto: chicas inteligentes, guapas, trabajadoras, independientes, autosuficientes… e infelices porque no nos ha llamado o ha pasado de nosotras.
El mundo al revés.

Ya está bien. No podemos basar nuestra autoestima y nuestra salud mental en cosas accesorias —como son, en este caso, las personas que entran y salen de nuestra vida—. El valor que tenemos como personas está dentro de nosotras, no fuera… así que ya es hora de dejar de buscarlo en el exterior. Solo las personas que realmente nos conocen pueden, en un momento dado, servirnos de guía —¿o es que realmente alguien que apenas nos conoce puede juzgarnos de manera adecuada?—.
El mundo al revés.

You said you’d call me, pero si no me llamas no significa que mi vida o yo seamos una mierda.

Simplemente it wasn’t meant to be.

martes, 5 de enero de 2010

Refranero, refranero...


Muchas son las veces en las que se ha hablado acerca de la gran riqueza del refranero español. Pese a ser este un hecho indudable, siempre consideré que la mayoría de los refranes tenían una naturaleza un tanto anticuada —incluso, en algunas ocasiones, con tintes adoctrinadores—.

El refrán con el que he comenzado este nuevo año puede, en realidad, no tratarse de un refrán como tal, sino al uso. «El que se enfada dos trabajos tiene: enfadarse y desenfadarse».

Dicho razonamiento parece una tontería, ya que utiliza una lógica bien sencilla, pero esconde un trasfondo bastante inteligente.
¿Sirve de algo enfadarse, pasar un mal rato e incluso perder el sueño por un enfrentamiento con alguien? ¿Va a afectar de alguna manera positiva tu enfado sobre la situación en cuestión? O, por el contrario, ¿va a suponer un desgaste innecesario?

En muchas ocasiones tal vez sea mejor contar hasta diez, tragarse el orgullo y dejarlo pasar. No enfadarse por tonterías y, haciendo caso de nuestro sabio refranero popular, «aquí paz y después gloria».