
Todas las mañanas, cuando llego a la estación de Atocha para ir a la universidad, me paro un momento antes de llegar a los torniquetes y, mientras los observo, me pregunto: «¿Cuál elijo hoy? Tal vez el 10… o mejor el 15. No, ¡el 12!». Y, justo cuando acerco la mano para introducir el billete, se adelanta una señora, haciendo que me dirija inconscientemente al número 13 y que, sin pensarlo dos veces, gire la barra que me separa de una nueva aventura...
Al atravesar los torniquetes paso a estar en otro mundo, a vivir por unas horas la vida de alguien sin que los que están a su alrededor se percaten de nuestro intercambio. «¿A dónde me dirigiré esta vez?».
Cuando abro los ojos me encuentro en un autobús lleno de gente, sentada al lado de una chica que tiene la cabeza apoyada en mi hombro. Estás dormida. A través de infinita oscuridad reflejada en la ventana sólo puedo distinguir los primeros copos de nieve que caen pausadamente, como plumas.
De repente te incorporas y, sonriéndome, preguntas si he podido dormir. Respondo negativamente con un movimiento de cabeza.
—Bueno, no te preocupes, ya dormirás cuando lleguemos a casa.
Antes de que pueda preguntarme por la ubicación de nuestra casa, el conductor ya ha anunciado la siguiente parada: Toronto.
—Isa, coge tu maleta. No sé qué te pasa… estás como ausente. ¿Te encuentras bien?— me preguntas mientras yo intento hacerme pasar por tu amiga.
Así es como acabamos en una residencia, donde nos esperan unos cuantos ratones y una planta moribunda. Cuando salgo de la habitación de Isa, estás en la cocina rebuscando en los armarios.
—¿Te apetece comer lentejas mañana? Dentro de poco vamos a tener que volver al No Frills a hacer la compra, casi no queda comida.
—Vale, como quieras.
—No me puedo creer que se haya acabado la huelga y que tengamos que volver a la universidad… En fin, me voy a la cama. Hasta mañana —dices mientras me das un beso de buenas noches.
Cuando me despierto oigo música en el pasillo. Al salir te veo sentada frente al ordenador, desayunando galletas con zumo de naranja, mientras escuchas Belle and Sebastian.
—Buenos días, dormilona. No te lo vas a creer, pero ha llegado la multa del coche que alquilamos. Thomas nos va a matar —y acto seguido te levantas al oír un pitido que sale de la olla que hay en el fuego, en la que seguramente estén las consabidas lentejas.
Después de comer, cogemos todos nuestros libros y me propones ir a tomar un café antes de ir a clase. La verdad es que pareces una chica llena de ideas, siempre dispuesta a enfrentarte a nuevos retos, divertida, alegre y dispuesta a ayudar a los demás. El bullicio de la gente me saca de mis cavilaciones y cuando me quiero dar cuenta ya estamos en el metro, de camino a la universidad, bebiendo café. «Menudos inventos», pienso al verte sorber el termo con gran delicadeza entre toda la gente.
La tarde pasa lenta en clase de Teoría de la Traducción pero, por fin, llega la hora de volver a casa. Sé que no me debe de quedar mucho tiempo y, para mi sorpresa, estoy triste. Normalmente no es así, pero esta vez desearía poder quedarme más tiempo contigo y conocerte mejor. Pienso en la tal Isa y en lo afortunada que es por tener una amiga como tú.
Durante el viaje de metro escuchas pacientemente todas las historias que tengo que contarte y aportas un punto de vista diferente al mío, ayudándome así a ver los problemas desde otra perspectiva, con mucha más claridad. Después, me confiesas con una sonrisa de oreja a oreja el plan para esa noche: ver el último capítulo de tu serie favorita —que por lo visto se llama Lost— e ir a beber unas pintas de cerveza al pub de al lado.
Ojalá pudiese quedarme contigo. Pese a que soy consciente de que dentro de unas horas volveré a estar en mi cama, en Madrid, a punto de despertarme para ir a clase, sé que todo lo que he aprendido a tu lado no se me olvidará y que siempre llevaré un trocito tuyo en mi corazón.
De esta manera nunca estaremos solas.
A la mañana siguiente, cuando llego a la estación de Atocha para ir a la universidad, me paro un momento antes de llegar a los torniquetes y, mientras los observo, me pregunto:
«¿Cuál elijo hoy?»
Cuando abro los ojos me encuentro en un autobús lleno de gente, sentada al lado de una chica que tiene la cabeza apoyada en mi hombro. Estás dormida. A través de infinita oscuridad reflejada en la ventana sólo puedo distinguir los primeros copos de nieve que caen pausadamente, como plumas.
De repente te incorporas y, sonriéndome, preguntas si he podido dormir. Respondo negativamente con un movimiento de cabeza.
—Bueno, no te preocupes, ya dormirás cuando lleguemos a casa.
Antes de que pueda preguntarme por la ubicación de nuestra casa, el conductor ya ha anunciado la siguiente parada: Toronto.
—Isa, coge tu maleta. No sé qué te pasa… estás como ausente. ¿Te encuentras bien?— me preguntas mientras yo intento hacerme pasar por tu amiga.
Así es como acabamos en una residencia, donde nos esperan unos cuantos ratones y una planta moribunda. Cuando salgo de la habitación de Isa, estás en la cocina rebuscando en los armarios.
—¿Te apetece comer lentejas mañana? Dentro de poco vamos a tener que volver al No Frills a hacer la compra, casi no queda comida.
—Vale, como quieras.
—No me puedo creer que se haya acabado la huelga y que tengamos que volver a la universidad… En fin, me voy a la cama. Hasta mañana —dices mientras me das un beso de buenas noches.
Cuando me despierto oigo música en el pasillo. Al salir te veo sentada frente al ordenador, desayunando galletas con zumo de naranja, mientras escuchas Belle and Sebastian.
—Buenos días, dormilona. No te lo vas a creer, pero ha llegado la multa del coche que alquilamos. Thomas nos va a matar —y acto seguido te levantas al oír un pitido que sale de la olla que hay en el fuego, en la que seguramente estén las consabidas lentejas.
Después de comer, cogemos todos nuestros libros y me propones ir a tomar un café antes de ir a clase. La verdad es que pareces una chica llena de ideas, siempre dispuesta a enfrentarte a nuevos retos, divertida, alegre y dispuesta a ayudar a los demás. El bullicio de la gente me saca de mis cavilaciones y cuando me quiero dar cuenta ya estamos en el metro, de camino a la universidad, bebiendo café. «Menudos inventos», pienso al verte sorber el termo con gran delicadeza entre toda la gente.
La tarde pasa lenta en clase de Teoría de la Traducción pero, por fin, llega la hora de volver a casa. Sé que no me debe de quedar mucho tiempo y, para mi sorpresa, estoy triste. Normalmente no es así, pero esta vez desearía poder quedarme más tiempo contigo y conocerte mejor. Pienso en la tal Isa y en lo afortunada que es por tener una amiga como tú.
Durante el viaje de metro escuchas pacientemente todas las historias que tengo que contarte y aportas un punto de vista diferente al mío, ayudándome así a ver los problemas desde otra perspectiva, con mucha más claridad. Después, me confiesas con una sonrisa de oreja a oreja el plan para esa noche: ver el último capítulo de tu serie favorita —que por lo visto se llama Lost— e ir a beber unas pintas de cerveza al pub de al lado.
Ojalá pudiese quedarme contigo. Pese a que soy consciente de que dentro de unas horas volveré a estar en mi cama, en Madrid, a punto de despertarme para ir a clase, sé que todo lo que he aprendido a tu lado no se me olvidará y que siempre llevaré un trocito tuyo en mi corazón.
De esta manera nunca estaremos solas.
A la mañana siguiente, cuando llego a la estación de Atocha para ir a la universidad, me paro un momento antes de llegar a los torniquetes y, mientras los observo, me pregunto:
«¿Cuál elijo hoy?»
esto de las reacciones me ha matado.
ResponderEliminarLo confieso: yo no lo he pillado. Algo de nostalgia por Toronto y todo lo aprendido, pero después de ver la peli Persona de Ingmar Bergman, mi cabeza no da pa mucho más...
Quizá así lo entiendas mejor...
ResponderEliminarAl atravesar los torniquetes paso a estar en otro mundo, a vivir por unas horas la vida de alguien sin que los que están a su alrededor se percaten de nuestro intercambio. «¿A dónde me dirigiré esta vez?».
Vuélvelo a leer hoy, sin el impacto de Bergman, y a ver si lo entiendes.
:)
Tu Enciclopedia Isa de usos corrientes cada vez me gusta más.
ResponderEliminarMañana más y mejor, siempre, pero con estas dos entradas has puesto el listón muy alto!
Deberías añadir otro apartado "Mencanta". Yo lo utilizaría bastante a menudo.